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Educar desde el YO

Para educar con el corazón hay que partir desde “YO”.

Cuando tratamos con niños ya sean hijos, alumnos, pacientes… tendemos a hacerlo desde la perspectiva de que nosotros sabemos y ellos no. Pensamos que tenemos que enseñarles, adoctrinarles y manipular su conducta hasta que se comporten de manera esperada. Les decimos lo que tienen que hacer y lo que no, les damos cientos de instrucciones y explicaciones. Pero a menudo no nos damos cuenta de que ellos no aprenden de nosotros sino que nos aprehenden a nosotros. Aprenden de lo que hacemos, sentimos y de lo que les hacemos sentir.

Por esta razón es muy importante que nos observemos, conozcamos y tomemos consciencia de como nos ven y que transmitimos. Nos referimos a la importancia del YO a diferentes niveles.

El Yo del lenguaje. La comunicación es la herramienta de relación más potente. Un aspecto básico para cuidar la comunicación es hablar desde el YO. Si hablo de lo que yo siento, de lo que me pasa o de lo que yo necesito es más probable que TÚ me escuches. Si en cambio me sitúo en el TU quien escucha se siente atacado, juzgado o exigido y se cierra, con seguridad, a la escucha.

EL YO del ser. ¿Cómo estoy hoy? ¿Cómo estoy conmigo mismo y con la vida? ¿Qué necesito? ¿Qué provoca en mí la conducta de este niño y por que? La personalidad y el desarrollo emocional de los padres son factores principales en el desarrollo del niño y su manera de comprender el mundo y de estar en él. Si me siento inseguro, irascible, estresado o soy emocionalmente inestable todo ellos llega a nuestros hijos e influye más intensa y profundamente que cualquier explicación o sermón que podamos darles. Nuestros estados emocionales, a demás, van a determinar el modo en que les hablamos y esto a su vez determinará como ellos se hablen a sí mismo y a los demás.

Para recordar. Educamos desde lo que somos. Mi manera de ser padre o madre es reflejo de mi manera de estar en el mundo.

Lluïsa Balaguer, Psicóloga infantil y adultos, embarazo y crianza.

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